Todo arte está destinado a desaparecer como los distintos conceptos o ideas que existen sobre él: podrán pasar siglos pero de esas manifestaciones visibles, poco o nada quedará. Las materias mutan, se transforman, son invadidas por agentes disolventes. Todo lo sólido se desvanece en el arte y el lenguaje es un virus.

La pintura al fresco con las distintas “manos de cal”, al “temple”, las obras de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, en definitiva, después de cada limpieza exhiben lo que no se veía antes; hacen visible lo que no lo era. Así, en determinados casos, la restauración ha creado nuevas obras. Pero así como los médicos pueden sufrir enfermedades intrahospitalarias, los restauradores también están en riesgo. Por eso, se está viviendo un gran cambio, porque es una actividad riesgosa.

Cecilia Barrionuevo, experta en esta tarea le explicó a LA GACETA cómo se vive este tiempo en los museos con su profesión.

- ¿Cómo es el proceso de restauración?

- El mundo de la restauración es realmente fascinante, cautivante. El criterio es de una mínima intervención sobre el aspecto matérico de la obra. Hay numerosos factores de deterioro, particularmente en nuestra provincia donde la concientización y el cuidado del patrimonio no es todavía una prioridad. Los más comunes son la excesiva humedad y la manipulación de las obras. Hay un protocolo, pero depende del estado de la obra y de lo que ella te pida hacer primero, cuando la observas e ingresa al laboratorio. Siempre comparo esta profesión con la medicina, como si la obra de arte fuera un paciente. Cada una es diferente y requiere su tratamiento. No hay recetas.

- ¿Y entonces?

- Lo primero es un diagnóstico de observación directa, visual. Revisar todos los componentes de la obra, la capa pictórica, los soportes y los marcos. Luego ver con diferentes tipos de iluminación directa, rasante, a contraluz y/o luz ultravioleta y registrar fotográficamente. Los rayos X pueden mostrar la estructura interna de la obra, la ubicación de los clavos y el tipo de material usado, pero aquí tiene muy altos costos. Viene después un plan de trabajo integral que incluye consolidación de la capa pictórica, entelado (si lo requiere), eliminación de viejos parches y colocación de nuevos, costuras...

- ¿Cuáles son los riesgos?

- Primero hay que limpiar la superficie pictórica: puede ser superficial (polvo acumulado) o bien la eliminación del filme protector (o barniz, sólo cuando está oxidado). Esta etapa es, en lo personal, la más riesgosa de todas ya que para ello se emplearon, tradicionalmente, solventes del tipo de precursores químicos, con alto poder de toxicidad para las personas y para las obras. Si no se controlan adecuadamente pueden penetrar los diferentes estratos pictóricos, ablandando y movilizar su interior con el riesgo de eliminar pigmentación.

- ¿Hay intoxicaciones?

- Si, por supuesto, y para evitarlas hay que proveerse de un equipamiento que abarca el espacio físico ambiental (buena ventilación y extractores) y el personal, con uso de guantes, máscaras con filtros y delantales. Desde hace algunos años el Renpre (Registro Nacional de Precursores Químicos) junto al Sedronar (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina), han ido restringiendo el uso y compra-venta de estos precursores químicos con el consiguiente desabastecimiento en los museos. En la actualidad, la Dirección Nacional de Museos está trabajando y formando a los conservadores y restauradores (en mi caso de manera on line) acerca del uso de geles acuosos para las limpiezas de los bienes culturales. Estos geles funcionan de acuerdo al PH de los sustratos, para no hacer variar los niveles que tienen originalmente las piezas, evitando así su deterioro. El gel actúa con más intensidad que los solventes pero no en profundidad, ya que se mantienen en la superficie por un tiempo y luego deben removerse. Son menos tóxicos para las personas y más efectivos para las limpiezas.

> Lo invariable
Materiales removibles y durables

Salvo los análisis estratigráficos u otros tipos de estudios con rayos, el proceso de restauración se puede hacer en esta provincia. Los que no es por los altos costos que representan, aunque se hicieron en algunas oportunidades especiales. “Lo único invariable en los pasos de una restauración es que todos los materiales que se le incorporan a la obra deben ser reversibles, es decir fácilmente removibles en el tiempo para dejar ‘abierta’ la obra a intervenciones en el futuro, y durables para que pueda apreciarse al menos 50 años más”, explica la restauradora Cecilia Barrionuevo. “El punto en cuestión es que hay que mantener lo trascendental cuando la materia entró en el proceso de perecer, que, indefectible tiene que suceder. Esta profesión intenta retrasar ese final”, añade.